Las tres llaves de la sexualidad espiritual

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masajeadoresintimos_1Todo lo que tenga que ver con sexualidad es de primera importancia para cualquier persona, claro, es fundamental para sentirse pleno, bien, y un no sé qué, que buscamos todos y a veces no sabemos donde encontrar. Se utiliza la palabra felicidad, pero parece tan momentánea y pasajera esta sensación que pierde su validez en el tiempo. Entonces nos encontramos con la palabra espiritualidad. También compleja porque está cargada de significados religiosos y dogmaticos, que parece que encerraran mas al ser humano en cambio de cumplir su labor, abrirlo metal y emocionalmente. Se busca entonces una apertura, una unión, con nosotros mismos, con el del lado, con el lugar en el que vivimos, con la familia, con la nación, con la raza, con el mundo, con el universo…Entonces espiritualidad es más bien una unificación, conectarse con el universo. Es perder la individualidad para convertirse en un somos. Somos parte de un todo, bondadoso y benévolo, que entiende cada una de nuestras necesidades personales, que sabe de dónde venimos y para donde vamos, y entonces, en ese momento, la paz, espiritualidad.

Ahora, ¿cómo se relaciona la sexualidad con la espiritualidad? Hay que entender que el sexo se identifica como género, representado en la naturaleza por dos polaridades, la masculina y la femenina, Dos polos que se atraen mutuamente con la finalidad de la creación, y en el caso de la humanidad, la procreación, la conservación de la especie como impulso instintivo, animal. Nuestra función sexual instintiva está ligada a nuestro cerebro reptiliano (la parte básica del cerebro humano), encargado de las funciones primarias del cuerpo y que está ligado a nuestra historia animal de la que nunca podremos ni nos debemos apartar. Estamos en el mundo para generar nuevas vidas, y nuestro instinto nos lleva a buscar o atraer ese polo opuesto que satisfaga nuestras necesidades instintivas, la copulación. El hombre busca llenar, penetrar, tener la capacidad, el poder, eso dicta sus necesidades más básicas, mientras que la mujer busca ser cortejada, ser complementada, protegida, sentirse segura en un ambiente hostil, y asegurar su núcleo familiar. En este momento hablamos de sensualidad y seducción, como una danza entre polos opuestos, femenino y masculino en búsqueda de esa satisfacción de necesidades instintivas, la mujer que busca ser atractiva, llamativa, fecunda para el hombre (por eso la aberración por los senos y las caderas cada vez mas grandes) mientras que el hombre busca demostrar ser capaz, desde el punto de vista material y sexual. Y hasta aquí se deduce el porqué las personas viven en función del dinero y el placer. Para satisfacer sus necesidades puramente instintivas, reptilianas.

Pero el cerebro del ser humano no se ha quedado ahí, hace miles de años evoluciono a un cerebro mamífero, el Límbico, que está encargado de almacenar las emociones y los sentimientos recogidos de la experiencia. Desde esta parte, la sexualidad se convierte en algo más que poder, placer y supervivencia. Se involucran los sentimientos. Se forma una pareja para generarse emociones mutuamente, para compartir una intimidad, sentirse aceptados, respetados, valorados el uno al otro, empieza a ser algo mas especial y menos ordinaria la sexualidad emocional en comparación a la sexualidad exclusivamente instintiva. Se necesita una mayor complementariedad para logar que dos seres conecten su cuerpo y sus emociones al tiempo. Abran su corazón y se brinden además de deseo, amor en un acto sexual. No es tan fácil lograr esta comunión, porque además se involucra una tercera parte del cerebro (y la más grande de todas), el neo-cortex. El que cumple las funciones cognitivas más complejas: la memoria, el análisis, la intuición, la imaginación y el lenguaje. Esto complica la sexualidad porque la conexión emocional e instintiva es previamente validada con programaciones mentales que verifican si es adecuado o no, si cumple con los modelos familiares, sociales y culturales, o si es conveniente o no pensando en el futuro. El neocortex se encarga de evaluar con frialdad las relaciones humanas, que en la mayoría de los casos, dificultan el intercambio de emociones y sentimientos, porque hay riesgo de sufrimiento, porque ya no es interesante nuestra pareja actual o por acontecimientos pasados sin resolverse. Todo esto convierte la sexualidad en algo rutinario, monótono y febril.

La complejidad de una sexualidad sana y benéfica para el ser, radica en que no podemos poner de acuerdo los deseos (albergados en el instinto), los sentimientos (gobernados por las emociones) y los pensamientos (dirigidos por la mente). Son como tres caballos que tiran en diferentes direcciones, entonces se necesita de un conductor que dirija esas tres energías y las encarrile en una sola dirección. Esa es la labor del espíritu. Nuestra conciencia en conexión con la energía universal capaz de centrar los impulsos, las emociones y las ideas, hacerlas una sola y abrir la puerta al gozo, la plenitud. Somos espirituales cuando en un acto sexual dejamos la individualidad y nos fundimos en Un gran todo, dos polos se convierten en uno. Se conectan los cuerpos saciando sus necesidades de placer y procreación inteligente, se conectan las emociones al expresarse los sentimientos más puros de amor por la belleza de otro ser humano y la belleza propia (la que proviene de la esencia), y se conectan las mentes, en pensamientos que solo están dirigidos al presente, al momento vivido, luego no existe nada más. No hay bueno o malo solo se es. Así, el instinto de la carne, las emociones y la mente se convierten en llaves que abren la puerta a una sexualidad espiritual.

La importancia de la sexualidad va mas allá de reproducir y recrear, además tiene la capacidad de transformar y sanar. Solo necesitamos ponerle atención a nuestro cuerpo y sus deseos reales, promover emociones positivas en pareja que alimenten la relación. Y vaciar la mente de compromisos, preocupaciones e imágenes sexuales preconcebidas en la intimidad que alejen a los amantes de su realidad. El sexo es puro cuando es espiritual y se llega allí buscando un centro; la unión del cuerpo, las emociones y la mente.

 

Escrito por:

Jonathan A. Bonilla

DIRECTOR DE 6 KINGDOMS